AMICA SANTOÑA: ‘LOS CAMPEONES’ DEL NORTE
La asociación estrena un nuevo centro de día para mejorar las condiciones de trabajo de los usuarios y prestar servicio a la villa 35 años más.
“Cada mañana me levanto y me visto rápidamente para ir a la asociación a ver a mis compañeros. Todos tenemos alguna discapacidad, allí somos todos iguales. Nadie nos mira raro y por eso me siento a gusto”. Expresa emocionada Conchi, una de las veinte integrantes de la asociación ‘El Buciero’, gestionada por la organización Amica. Esta tiene como objetivo descubrir las capacidades de cada persona teniendo en cuenta sus limitaciones y su autonomía.
Amica se encuentra en Cantabria. Santander, Torrelavega y Santoña son los lugares protagonistas donde se sitúan sus cuatro únicos locales. Esta organización está formada por personas con discapacidades, familias y profesionales. “Amica lo forman todas las personas que desde hace 35 años han conseguido llegar hasta donde estamos ahora”. Afirma Roberto Vázquez, uno de los profesionales del centro.
La media década que lleva Amica en Santoña y sus ganas por permanecer otros 25 años más han hecho posible que esta asociación inaugure un nuevo local con una superficie total de 307 m2, de los cuales, 230 se utilizarán para el nuevo centro de día. El nuevo local en Pasaje de Tío Ríos, está situado cerca del Ayuntamiento, de la estación de autobuses y enfrente del futuro centro de salud. Hasta el momento lo forman 20 personas con discapacidad de Santoña y alrededores; con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años.
“Amica se puso en marcha en el municipio de Santoña en 2007 gracias a un programa de participación comunitaria. En aquel momento había 10 personas con discapacidad en la villa. Un año después, este programa se ha prolongado hasta la apertura del centro de día ‘El Buciero’“. Afirma Cielo Rodríguez, madre de uno de los integrantes. La actividad en este centro se mantiene viva gracias a la ayuda del Gobierno de Cantabria y al Ayuntamiento de Santoña para el mantenimiento de los locales. Desde entonces hasta el pasado año, la asociación santoñesa se ha situado en un mismo local con estado bastante mejorable.
Marta, Cristina, Roberto y Montse son los profesionales del centro de día ‘El Buciero’ en Santoña. Ellos junto con sus alumnos han conseguido un lugar con unas condiciones adecuadas para que puedan desarrollar sus capacidades y adquirir nuevos talentos. “Hemos estado más de diez años en un establecimiento de alquiler con una renta muy elevada. Queríamos tener nuestro propio local”. Afirma Marta López, una de las terapeutas del centro. La insistencia y la paciencia se unieron para encontrar un local amplio que se adaptara a las necesidades de los integrantes.
La inversión del nuevo espacio ha supuesto un alto gasto: 463.712,31 euros. Así se recoge en la página de la asociación. Una cifra superior a la cantidad que Amica se podía permitir destinar. Por esa razón, el pleno del Ayuntamiento de Santoña aprobó el convenio de colaboración con la asociación y le otorgó una subvención de 180.000 euros repartidos entre el 2018 y el 2021, tal y como afirmó Sergio Abascal, alcalde de la villa. Esta propuesta ha salido adelante gracias a los socialistas, el equipo de gobierno del municipio. Sin embargo, los populares y ‘santoñeses’ optaron por la abstención.
Jesús Guillart, conocido como Suso en el pueblo, es el dirigente del partido político Santoñeses. “Este proyecto tiene buen fondo, pero llega muy tarde”. Asegura Suso. Además, este hombre ha mostrado su desconformidad tras enterarse de la aportación que han realizado los socialistas a la asociación. Guillart cree que se podría haber aprovechado algún edificio vacío del patrimonio municipal para instalar su sede. “Son muchos los locales vacíos, y el dinero no sobra en Santoña. Además, esta aportación se podría haber pensado más, lo que ha querido hacer el gobierno es lavarse las manos antes de las elecciones municipales”. Explica contundente.
Del mismo modo, Ignacio Cerro, representante de las juventudes populares de Santoña, ha compartido su opinión como portavoz de su partido. “El Partido Popular ha hablado en más de una ocasión con Amica para darles varias opciones. La decisión que los socialistas han tomado no es la más adecuada, han subvencionado el local y es una buena causa, pero se les podría haber dado otras alternativas”. Afirma Cerro. Los populares consideran a la Casa de la Juventud como el lugar idóneo para ‘El Buciero’. “Costó mucho dinero como para que ahora esté muerto de risa sin darle uso”. Contesta rotundamente María Subisaga, compañera del partido.
A pesar de sus discapacidades, los componentes de ‘El Buciero’ aseguran que este proyecto llega tarde, pero con fuerza. A Blanca Ramírez no le salen las palabras, le cuesta explicar qué es para el nuevo centro de día. Le salen frases sueltas “es bonito”, “me gusta mucho”. “Me confundo mucho con los baños”, antes tenían un baño común y “ahora entro al de los chicos porque se me olvida que ya no compartimos aseo”. “Hay muchas salas, ahora parece que estamos en un palacio gigante”. Confiesa emocionada.
Juan Luis Pérez, el más veterano del equipo, está contento con los cambios. “Es más amplio, más luminoso y tiene ventilación en todas las salas. Ahora estamos mucho mejor”. El traslado ha animado a todos miembros de la asociación. Tenían un rostro alegre, como hacía tiempo que no se les veía. Aunque el local solo le tienen como punto de reunión -pasan mucho tiempo realizando actividades al aire libre-. Les ha gustado el cambio. “Se han adaptado fácilmente. El primer día lo dedicamos a vaciar las cajas con todos los materiales que nos hemos traído del otro local. Cada uno fue recogiendo y ordenando sus cosas”. Comenta Montse, encargada de la atención social.
Todos ellos llevan muchos años unidos, se consideran casi hermanos porque pasan casi más tiempo en la asociación que en sus casas con su familia. “Ellos entran a las 10. 00h y se marchan a las 18.00h. No paran quietos desde que llegan hasta que se van. Excepto si algún día les notamos muy cansados tenemos una amplia zona de descanso donde pueden echarse la siesta”. Afirma Marta. Es habitual que acaben cansados porque están constantemente haciendo actividades. Se dividen en grupos al comenzar el día, mientras unos van a nadar a la piscina, otros van a dar un paseo por la playa. “Son personas como todo el mundo; vamos a la biblioteca a leer, al telecentro para aprender a manejar programas informáticos. Algunas veces vamos al polideportivo a que hagan los deportes que quieran”. Asegura Roberto, encargado de las actividades deportivas y de ocio.
En la sala de reuniones los profesores juegan con sus alumnos mientras ellos explican qué actividades son las que más les gusta realizar. Siempre se oye a Conchi de fondo. Los profesionales afirman entre risas “es un culo inquieto, siempre está hablando con todo el mundo; si está callada es que algo está tramando”. A sus 35 años, Conchi Sánchez tiene alma de quinceañera, como gran parte de sus compañeros. “Cuando salimos todos juntos a pasear por las mañanas, y la gente ve a Conchi siempre le llaman y se paran a hablar con ella. Parece la jefa del grupo”. Afirma Cristina, encargada del conocimiento y la formación de las personas con discapacidad.
Cuando se les pregunta a los trabajadores de ‘El Buciero’ acerca de cómo se sienten en su día a día rodeados de personas con discapacidades les brillan los ojos y se les atragantan las palabras. “Siempre quise ser profesora, pero nunca me han gustado las cosas fáciles, me gustan los retos. Para mí no había mayor reto que trabajar con personas con todo tipo de discapacidades. Sabía que me iba a costar, pero después de diez años, puedo decir que he aprendido más con ellos que ellos de mí”. Comenta Noemi Lanza, encargada de la valoración multidisciplinar, con voz emocionada.
Los profesionales del centro de día no son los únicos a los que se les ablanda el corazón con sus alumnos. Con frecuencia, los padres de los veinte integrantes visitan a sus hijos para descubrir cómo es su día a día y si “están en buenas manos”. María del Puerto Antolín, la madre de Conchi, no pasa mucho tiempo en casa por su trabajo. Por eso, agradece a la asociación la acogida que tiene su hija entre todo el equipo. “Cuándo me ampliaron el horario en el trabajo tuve que enseñar a mi hija algunas cosas básicas de cocina, de limpieza y habilidades sociales. Lo que yo no sabía es que Conchi todo eso ya lo sabía gracias a ‘El Buciero’”. Antolín confiesa que los “cuidadores” del equipo hacen un trabajo excelente, y sobre todo lo hacen con mucho amor.
Los vecinos de Santoña siempre están dispuestos a responder cualquier pregunta que les haga por la calle. “Pregúntame lo que quieras, pero te pido por favor que no sea política”. Responde Raúl Ibaceta, un hombre jubilado cuyo mayor pasatiempo es pasear por las calles de su pueblo. C: “Raúl, ¿qué piensa usted sobre el centro de día ‘El Buciero?”. R: “Yo no tengo ningún parentesco trabajando ahí, ni ninguno de los alumnos son nada mío. Pero, muchos de ellos me saludan como si fuese su padre o su abuelo. Llenan de energía a Santoña, siempre están jugando o sonriendo. Son niños adultos. Aunque también puedes tener una buena conversación con ellos”. Ibaceta siente una tremenda admiración por todos ellos.
Su mujer, Antonia Álvarez, queda con él cada mañana para tomar unos vinos en la plaza de San Antonio. “Él sale primero con sus amigos, yo tengo que hacer mis tareas domésticas antes”. Interrumpe. Álvarez comparte el mismo pensamiento que su marido. “El centro de día hace una labor excepcional. Ojala todos los pueblos luchasen como lo hace Santoña para conseguir la integración de las personas discapacitadas”. Este fue uno de los objetivos principales cuando se creó la asociación. A día de hoy lo están consiguiendo, ya que por sí mismos son capaces de hacer solos tareas domésticas cotidianas que antes no sabían”. Explica la orientadora del centro.
Esta integración social ha llegado hasta los grandes comercios, como el Corte Inglés. Desde el pasado año, este negocio ha contratado a más de 500 personas con discapacidad. Según recogió ‘eldiario.es’ en agosto del pasado año. También con retraso – mejor tarde que nunca-, cuarenta años después, las personas con discapacidad ejercen su derecho al voto por primera vez gracias a la modificación de la ley orgánica española. Alejandro Pascual, vecino de Santoña, con un 33% de discapacidad afirma haberse sentido “como una persona normal”. Su madre, Alberto Pascual, confiesa que mientras veía a su hijo votar emocionado algunas personas murmuraban como si estuviesen desconformes con el nuevo cambio.
Las personas con discapacidad siempre se han sentido excluidos de la sociedad, como si fuesen bichos raros. Algunos de los alumnos de ‘El Buciero’ confiesan que cuando eran pequeños nadie quería jugar con ellos y se sentían muy solos. Conchi, como siempre interrumpiendo las conversaciones, asegura que a ella no le pasaba porque todo el mundo se lo pasaba muy bien con ella. Con el paso del tiempo todos ellos han conseguido sentirse uno más entre el resto del mundo. Esto se debe a pequeñas mejoras sociales, y sobre todo a grupos de integración como Amica que consiguen que sus profesionales les acojan como si fuesen sus propios hijos.
El personal de Amica siente orgullo al trabajar con personas que “tienen un corazón que muchas personas sin discapacidad no tienen”. Son pura bondad, añade una de las terapeutas del centro. Todos ellos aseguran que muchos días se les hace cuesta arriba, ya que tienen que tener mucha paciencia, pero afirman que son personas muy agradecidas. “Siempre que aprenden algo me dan las gracias mil veces”. Confiesa Roberto. Además, este concluye afirmando que “se ha avanzado mucho con estas personas, seguro que con el tiempo consiguen integrarse aún más en una sociedad poco desarrollada como la nuestra”.